El arte esquemático se desarrolló entre el 5.000 y el 1.500 a. C., correspondiendo al período Neolítico.
En esta etapa, con un clima más templado, se desarrolló la agricultura y la ganadería, se estableció la economía de producción y de acumulación de excedentes para el intercambio, y se impuso la sedentarización. Desde el Mediterráneo llegaron a los Pirineos estas innovaciones, entre las que destaca la cerámica. Entonces pudieron nacer los primeros poblados estables dotados de un urbanismo elemental.
El arte esquemático se desarrolla en el marco de estas transformaciones radicales de los modos de vida. Durante el primer milenio de su existencia convive con el estilo levantino y, a pesar de sus diferencias, que distinguen claramente un estilo de otro, son también muchas las similitudes.
La sintetización y la abstracción son sus características más destacadas. Las figuras humanas aparecen con forma de ancla, cruces, líneas simples…
Los animales se representan con la misma fórmula, en la que solo podemos distinguir su condición de cuadrúpedos. Otra de las principales novedades es la aparición de signos abstractos, cuyos códigos de interpretación desconocemos.