La economía de subsistencia de Serrablo imponía limitaciones. Era imprescindible “hacer llegar” los alimentos hasta la nueva cosecha o la matanza. De ahí la importancia que tenía la bodega.
En ella vemos las cubas donde se guardaba el vino de baja graduación que producía la zona, además otras piezas para la conservación de todo tipo de alimentos.
Junto a ellas están los botos de piel de cabra para el transporte de vino de mejor calidad desde zonas situadas al sur de la sierra, práctica que comenzó a partir del momento en que la plaga de la filoxera devastara las vides de Serrablo a finales del siglo XIX.