En los espacios originales de casa Batanero se encuentran el mobiliario y las piezas relacionadas con la cocina. En realidad, esta constaba de dos zonas: el hogar, o fogaril, y la recocina, una pequeña sala contigua donde se realizaban tareas auxiliares.
El hogar no solo era el lugar donde se cocinaba, sino, debido al calor del fuego, el punto de reunión de toda la familia y, en cierto modo, el centro de la casa. De este modo, la vida transcurría en torno al hogar y, tanto en su disposición como en las costumbres vinculadas con él, se manifestaban los valores, jerarquías y creencias de la sociedad tradicional.
El fuego estaba situado debajo de una gran chimenea troncocónica. A su alrededor estaban los bancos o cadieras, cuyo tamaño dependía del número de familiares y de la economía de la casa. El amo de la casa se sentaba en un extremo, al calor del fuego, junto al reposabrazos; los demás miembros se disponían en torno al hogar según sus jerarquías.
El invierno era el tiempo de estar junto al fuego, una época hecha para los ancianos, las mujeres y los niños. Los hombres se encontraban fuera, trabajando en Francia o con el ganado en el valle del Ebro. Acabada la cena, los miembros de varias casas se reunían en una de ellas, alrededor del hogar. Los mayores hacían artesanía de madera, las mujeres hilaban, los niños escuchaban y aprendían. Las leyendas, mitos y romances les transmitían conocimientos sobre el mundo que les rodeaba, pero también les iban inculcando insensiblemente los valores de aquella sociedad.